El vagon de tercera clase daumier

El vagon de tercera clase daumier

The gleanerspainting by jean-françois millet

Las pinturas se relacionan con las tres acuarelas a tinta y carboncillo, ahora en el Museo Walters en Baltimore – una para cada uno de los vagones de primera, segunda y tercera clase – encargadas en 1864 por George A. Lucas para William Thompson Walters. Tres dibujos del mismo tema también han sobrevivido, quizás calcos, incluyendo uno en la Biblioteca Nacional de Francia. Parece que se trabajaron dos de las pinturas al óleo al mismo tiempo, pero la secuencia de las pinturas no está clara y la de Nueva York quedó inacabada.

La versión en Ottawa de c. 1863–1865 está completa, firmada en el equipaje a la derecha abajo, y fechada. Era propiedad del comerciante de arte Hector Brame cuando fue exhibida en la exposición de Durand-Ruel de 1878.

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Las pinturas se relacionan con las tres acuarelas a tinta y carboncillo, ahora en el Museo Walters en Baltimore – una para cada uno de los vagones de primera, segunda y tercera clase – encargadas en 1864 por George A. Lucas para William Thompson Walters. Tres dibujos del mismo tema también han sobrevivido, quizás calcos, incluyendo uno en la Biblioteca Nacional de Francia. Parece que se trabajaron dos de las pinturas al óleo al mismo tiempo, pero la secuencia de las pinturas no está clara y la de Nueva York quedó inacabada.

La versión en Ottawa de c. 1863–1865 está completa, firmada en el equipaje a la derecha abajo, y fechada. Era propiedad del comerciante de arte Hector Brame cuando fue exhibida en la exposición de Durand-Ruel de 1878.

realismo arte

El vagón de tercera clase es una de esas obras por las que, irremediablemente, el espectador siente al observarla plena curiosidad e intriga, pues estamos ante uno de esos cuadros donde la introspección psicológica es claramente su punto más fuerte.

«El vagón de tercera clase», pintado por el pintor francés Honoré Daumier (1808-1879) en 1864 usando la técnica del óleo sobre lienzo. Se enmarca dentro de realismo francés, cuenta con unas medidas de 65,5 x 90 cm y actualmente se conserva en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York

El manejo de la luz en este cuadro es magistral, y aunque la gama de colores es escasa, eso no impide que transmita la sensación que Daumier pretendía. Tal vez se tratase de una escena de final del día, cuando los trabajadores se desplazaban desde su puesto de trabajo hasta su casa, de ahí los colores cálidos de la puesta de sol. Recuerda en gran medida -y salvando las distancias- a las obras de Rembrandt y al Barroco, que por cierto, tanto le gustaba.

No obstante el tema es plenamente actual. La obra se enmarca dentro del realismo pleno cuyo objetivo fundamental era el estudio de los usos y costumbres la sociedad para, posteriormente, plasmarlos a modo de denuncia política.

a burial at ornanspainting by gustave courbet

Daumier, en su obra partió de una expresividad que alcanza en ciertas ocasiones un carácter esperpéntico. Desde esta expresividad acometió tanto temas realistas (escenas de la calle, de las salas de audiencia, alegorías sociales) de acentuado contenido crítico, como temas tomados del teatro (actores y saltimbanquis), de la fábula (Don Quijote), e incluso de la historia sagrada.

Su concepción de la política le hacía ver la dimensión de la opresión del poder como una losa que asfixiaba al pueblo. Sus representaciones son un claro ejemplo de contestación a esta situación. Pero Daumier tiene un tratamiento del realismo diferente al de Courbet, no basa su protesta en la representación realista de unos acontecimientos frente al mundo académico y alegórico de las musas. Su contestación la acomete desde la agresividad que proporciona su profunda expresividad pictórica, desde su lucha contra el dibujo y la forma académica y desde la desvinculación del mundo hedonista del color. Con Daumier se abre un debate posterior del sentido y significación de los realismos, ya que el realismo no sólo consiste en representar en el lienzo el naturalismo y la realidad vivida en el momento, el realismo va más allá, la expresividad de lo real y su crítica es lo que confiere que una obra sea realista. Por muy importante que pueda ser la fidelidad a la realidad visual constituyó tan sólo un aspecto del programa realista; y sería erróneo basar nuestra concepción de un movimiento tan completo sobre uno de sus rasgos: la verosimilitud. A fin de entender el realismo como actitud estilística dentro de su período, debemos atender a algunas de las restantes aspiraciones y logros de los realistas, como fue la pintura nerviosa de Daumier.

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