Lluvia vapor y velocidad turner

Lluvia vapor y velocidad turner

The shipwreck

Turner está considerado como uno de los artistas que anticipan algunos conceptos del impresionismo con un estilo en cierto modo romántico y haste en cierto modo emotivo y sentimental. Desde bien temprano se hicieron patetes sus dotes para la pintura y hasta su padre, barbero de profesión, exponía de forma orgullosa algunas obras hechas por su hijo en el escaparate de su negocio.
En «Lluvia, vapor y velocidad» podemos ver algunos de sus rasgos más distintivos. En primer lugar llama la atención la temática, y es que rara vez un tren había sido por él mismo protagonista de una obra. Se trata del Great Western Railway). Esta máquina atraviesa de forma fugar el paisaje bajo una espesa manta de niebla y lluvia en una perfecta fusión de dos elementos a priori contrapuestos: la naturaleza (algo propio de un paisajista como Turner) y el tren, más propio de la sociedad industrial.
El color, la luz y la atmósfera son algunos de los puntos más destacados, algo que consigue gracias a técnicas como el embadurnamiento o la raspadura, consiguiendo de esta forma colores difuminados, veladuras y transparenvias.

snow storm: hannibal…

Lluvia, vapor y velocidad. El gran ferrocarril del Oeste (en inglés, Rain, Steam, and Speed – The Great Western Railway) es un conocido cuadro del pintor romántico británico Joseph Mallord William Turner.[1]​ Se trata de un óleo sobre tela que mide 91 centímetros de alto por 121,8 centímetros de ancho. Actualmente se conserva en la National Gallery de Londres (Reino Unido).
Pinta a un tren que corre a lo largo de las vías. El paisaje está definido muy vagamente, como en muchas otras obras de Turner, hecho que lleva al célebre crítico Francesco Arcangeli a relacionar la obra del pintor con el informalismo de Jackson Pollock. Pero la repercusión más importante de este pintor está encarnada en la pincelada de los impresionistas.
Recurre a una luz muy intensa que transmite más la emoción que la realidad objetiva. Así logra crear la atmósfera que pretende, más que ofrecer una representación verídica.[3]​ A través de empastes se logra reflejar el humo del ferrocarril y el aire mismo.
Los elementos sólidos (el tren, el puente) apenas están insinuados, desaparecen en la atmósfera neblinosa e irreal del cuadro. Se difuminan y mezclan la neblina que exhala el agua, la lluvia que pone un velo ante el cielo y el vapor de la locomotora.[2]​

la carreta de heno

William Turner y su forma de pintar, encajan como anillo al dedo con una escena de este tipo. Es un pintor que es especialista en plasmar el aura de las escenas y retrata escenas en las que se crea un halo. En estas escenas, te cuesta atisbar los elementos y tienes que imaginarlos. Tienes que transportarte al lugar. En este caso utiliza una pincelada que se superpone. Es como si hubiera una capa debajo, la cual está pintada sobre esta, creando esa atmósfera con mucha personalidad. En esta obra podemos ver como retrata el humo de forma magistral, plasmando esa transparencia que conlleva el humo. El humo es eso que no aprecias, eso que oculta lo que hay detrás. Turner diluye el humo en la escena utilizando colores grises y amarillentos.
Otro aspecto que no debemos dejar atrás, es como está dispuesta la escena, ya que el tren se abalanza hacia el espectador como hacían los hermanos Lumiere en sus primeras películas. Parece que el tren va a salir del cuadro y te arrollará. También queremos desgranar los elementos que podemos observar tras esta humareda. La locomotora es el personaje principal de esta escena, en la cual se plasma esa velocidad como si la velocidad no permitiera ver el girar de las ruedas. Es como si esta locomotora no tuviera ruedas, ya que el humo y el efecto de la velocidad las han hecho esfumarse. También podemos observar el humo de los hornos tras la chimenea, la cual en este momento no humea ya que ha llenado toda la escena de humo antes.

feedback

Elementos indisolubles en la imaginación de mentes nostálgicas. La lluvia, la velocidad y el vapor que sale de la chimenea de un antiguo ferrocarril son piezas de ese puzzle imaginario que más de una vez hemos intentado formar en nuestra cabeza. Son las tres fuerzas naturales que mejor se asocian al mundo ferroviario. Es la lucha entre la fuerza de la máquina contra la fuerza de la naturaleza. Es la velocidad que proporciona las calderas a toda presión de aquellos antiguos ferrocarriles contra la oposión del viento y la lluvia, fiel reflejo de las tormentas internas.
El cuadro que véis en la imagen superior se llama como el título del post: «Lluvia, Vapor y Velocidad» y fue pintado allá por mediados del siglo XIX por Joseph M. William Turner, uno de los más importantes representantes de la pintura romántica.
El Romanticismo es, para mí, quizás la etapa más bella de la pintura en cualquiera de sus facetas. No podía ser de otro modo cuando este estilo es puro sentimiento. Atrás quedaban las ideas de la razón y la lógica del siglo XVIII para dar paso a una realidad más social donde los sentimientos imperarían sobre el pensamiento.

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