Portada de santa fe de conques

Portada de santa fe de conques

La catedral de notre dame

La principal atracción para los peregrinos medievales en Conques eran los restos de Santa Fe (Foy), una joven martirizada en el siglo IV. Las reliquias de Santa Fe llegaron a Conques por robo en 866. Después de intentos infructuosos de adquirir las reliquias de san Vicente de Zaragoza y luego las reliquias de San Vicente Pompejac en Agen, las autoridades abaciales se fijaron en las reliquias de Santa Fe en la antigua iglesia de Santa Fe en Sélestat.[2]​ La abadía de Conques abrió un priorato cerca del santuario en Sélestat. Un monje de Conques se hizo pasar por un monje leal en Agen durante casi una década para poder acercarse lo suficiente a las reliquias para robarlas.[3]​
No obstante, durante la Revolución francesa, el peligro se hizo bien presente para las riquezas del Tesoro de la abadía de Conques. El 15 de febrero de 1792 un decreto del representante de la Convención en el departamento del Aveyron anunciaba: «Todos los bienes en oro, plata, cobre o bronce, que puedan ser convertidos en moneda, y que se encuentren en las iglesias, serán enviados de inmediato a la Casa de la Moneda de Toulouse.»

camino de santiago desde francia

La principal atracción para los peregrinos medievales en Conques eran los restos de Santa Fe (Foy), una joven martirizada en el siglo IV. Las reliquias de Santa Fe llegaron a Conques por robo en 866. Después de intentos infructuosos de adquirir las reliquias de san Vicente de Zaragoza y luego las reliquias de San Vicente Pompejac en Agen, las autoridades abaciales se fijaron en las reliquias de Santa Fe en la antigua iglesia de Santa Fe en Sélestat.[2]​ La abadía de Conques abrió un priorato cerca del santuario en Sélestat. Un monje de Conques se hizo pasar por un monje leal en Agen durante casi una década para poder acercarse lo suficiente a las reliquias para robarlas.[3]​
No obstante, durante la Revolución francesa, el peligro se hizo bien presente para las riquezas del Tesoro de la abadía de Conques. El 15 de febrero de 1792 un decreto del representante de la Convención en el departamento del Aveyron anunciaba: «Todos los bienes en oro, plata, cobre o bronce, que puedan ser convertidos en moneda, y que se encuentren en las iglesias, serán enviados de inmediato a la Casa de la Moneda de Toulouse.»

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La principal atracción para los peregrinos medievales en Conques eran los restos de Santa Fe (Foy), una joven martirizada en el siglo IV. Las reliquias de Santa Fe llegaron a Conques por robo en 866. Después de intentos infructuosos de adquirir las reliquias de san Vicente de Zaragoza y luego las reliquias de San Vicente Pompejac en Agen, las autoridades abaciales se fijaron en las reliquias de Santa Fe en la antigua iglesia de Santa Fe en Sélestat.[2]​ La abadía de Conques abrió un priorato cerca del santuario en Sélestat. Un monje de Conques se hizo pasar por un monje leal en Agen durante casi una década para poder acercarse lo suficiente a las reliquias para robarlas.[3]​
No obstante, durante la Revolución francesa, el peligro se hizo bien presente para las riquezas del Tesoro de la abadía de Conques. El 15 de febrero de 1792 un decreto del representante de la Convención en el departamento del Aveyron anunciaba: «Todos los bienes en oro, plata, cobre o bronce, que puedan ser convertidos en moneda, y que se encuentren en las iglesias, serán enviados de inmediato a la Casa de la Moneda de Toulouse.»

cathédrale notre-dame de pariscathedral in paris, france

La composición general (como es habitual en el estilo) se encuentra regida por una fuerte estructura geométrica que divide la distintas escenas, creando una composición simétrica que combinan las grandes franjas horizontales con lejanos recuerdos arquitectónicos, como las arquerías (abajo a la izquierda, que recuerdan la idea de la Jerusalén Celeste apocalíptica) o las formas de los frontones clásicos.
En el centro, bajo el Pantocrator, encontramos la habitual psicostasis (pesaje del alma) que ya analizamos aquí, en donde el Arcángel San Gabriel y un demonio pugnan por un alma (como luego se repite en el registro inferior, con un demonio y un ángel mirándose fieramente a cada uno de los lados del mundo), un gesto típico de toda una concepción maniquea de raíces neoplatónicas (bien/mal) que sólo empezará a ser superada a través de la escolástica (o el mensaje franciscano) de la Baja Edad Media

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