Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños

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A streetcar named desire genre

Un tranvía llamado Deseo (A Streetcar named Desire) es una obra clásica del teatro estadounidense, considerada la obra maestra del dramaturgo Tennessee Williams,[1]​ ganadora en 1948 del Premio Pulitzer en la categoría Drama.

En 1951, la película Un tranvía llamado Deseo, basada en la obra y dirigida también por Elia Kazan, ganó varios premios, entre ellos un Oscar en la categoría de Mejor Actriz, por la actuación de Vivien Leigh como Blanche DuBois.

La característica principal de esta obra es el enfrentamiento de dos culturas. Blanche DuBois, una atractiva y desequilibrada mujer del Sur estadounidense al final de su juventud, con prejuicios y sentimientos de altivez, cuyas pretensiones de virtud y educación ocultan su alcoholismo, va de visita al apartamento de su hermana Stella en Nueva Orleans.

Blanche viene de una familia de clase acomodada. Su hermana Stella está casada con un obrero de origen polaco, y los dos viven en un patio de vecinos junto a otros inmigrantes. Este edificio se encuentra en la Elysian Fields Avenue (ver Avenida de los Campos Elíseos de París) y se llega a ella usando la ruta de tranvía llamada Deseo.

why is it called a streetcar named desire

Esta película es la versión cinematográfica de la versión teatral de la obra homónima de Tennessee Williams. El escritor también trabajó en el guión cinematográfico. Es una obra de intenso dramatismo, que ofrece a los actores la oportunidad de hacer gala de su histrionismo. Williams recibió el premio Pulitzer en 1948 por ella, y es considerada su mejor obra. Elia Kazan, uno de los mejores directores que ha pasado por Hollywood, dirigió la versión cinematográfica, que recibió doce nominaciones al Óscar, ganando 4 de los premios: mejores actrices principal (Vivien Leigh) y de reparto (Kim Hunter), mejor actor de reparto (Karl Malden) y mejor dirección artística (Richard Day y George Hopkins).

Como otras películas de Kazan, Un tranvía llamado Deseo tampoco termina con un final feliz. El dramatismo que se intensifica hasta llegar a un clímax final es la piedra angular de esta cinta. Demanda gran esfuerzo de actuación y de dirección. Algo parecido a ¿Quién teme a Virginia Wolf? (1966), o a La muerte de un viajante (1951), películas con fuerte componente teatral.

a streetcar named desire setting

Todos están demasiados pendientes de los actores, que ahora salen a escena para saludar, como para fijarse en que Arthur Miller ha dejado su butaca y se ha acercado a la de Tennessee Williams. Arthur le da la mano y le dice algo al oído. De otro modo no podría hacerse oír entre tanto griterío. Incluso aunque alguien se hubiera fijado en ellos, pensaría simplemente que los autores se están dando los parabienes. Pero la frase que Arthur le dice a Tennessee al oído es bien distinta.

Arthur estaba tan abrumado como Elia desconcertado. Pero el pacto quedó sellado con un apretón de manos y una copa de bourbon. Todos eran mis hijos, dirigida por Elia, pasaría oficialmente a manos de Arthur.

stanley and blanche

Considerada uno de los clásicos más relevantes de la época dorada de Hollywood, «A Streetcar Named Desire» es una buena lección de cine se mire por donde se mire. Sin renunciar a la belleza del diálogo teatral pero encajándolo perfectamente en el ritmo del lenguaje cinematográfico, Elia Kazan nos regala una de las más perfectas adaptaciones de Tennessee Williams. Hai que decir que las obras de Williams, con sus mensajes revolucionarios y su sensualidad encubierta, resultaban muy atractivas para los cineastas que querían jugar con temas fuertes sin escandalizar a la puritana sociedad de la época. Pudimos verlo también en otras adaptaciones de la época como «Suddenly, Last Summer» o «Cat on a Hot Tin Roof», pero en ninguna la sensualidad y el erotismo alcanzan niveles tan escandalosos y explícitos como en «Un tranvía…»

Tema aparte es el erotismo subyacente del que hablaba al principio: es, de hecho, el tema capital de la obra. Como su propio título parece insinuar, «Un tranvía…» es ante todo una historia sobre el deseo irrefrenable, un deseo animal y primario que un hombre como Stanley Kovalski es capaz de producir en las mujeres que están a su alrededor. Su actitud de macho bruto y rebelde despierta en Stella una pasión irrefrenable que le impide ver el infierno de maltratos y desprecio que es su vida. También en Blanche, una mujer perdida mental y psicológicamente, cuya pasión por Stan es evidente cada vez que se encuentran, a pesar de la aparente animadversión entre ambos. El propio Stan alimenta esos instintos con miradas intensas, con palabras irónicamente endulzadas y con la exhibición constante de su sudoroso pecho desnudo. Teniendo en cuenta lo puritano del cine de la época, hay que pensar en lo potente y revolucionario que era esta exhibición de erotismo. De hecho, podríamos decir que mientras Marlon Brando se quitaba la camiseta y las muchachas se desmayaban en las salas, nacía a la vez el cine tal y como hoy lo entendemos.

Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños 2021

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