Una tarde dominical en la alameda central diego rivera

Una tarde dominical en la alameda central diego rivera

Museo mural diego rivera

La figura central es La Catrina, con una estola de plumas que evoca a Quetzalcóatl, del brazo de José Guadalupe Posada y de la mano de Diego Rivera. Detrás de Diego, Frida Kahlo sostiene en su mano el símbolo del yin y yang mientras abraza maternalmente a Diego. A su derecha se ve el saludo entre Manuel Gutiérrez Nájera y José Martí, escritores de la época. Entre ellos, las figuras femeninas más notorias, que son la hija y esposa de Porfirio Díaz.
El sector izquierdo se ilustran la conquista, la época colonial, la independencia, la invasión norteamericana y la intervención europea, eventos en los que la Alameda Central tuvo una participación importante como escenario. Aparecen Hernán Cortés, fray Juan de Zumárraga, Sor Juana Inés de la Cruz, el Virrey Luis de Velasco y Castilla, el emperador Maximiliano con su esposa Carlota y Benito Juárez, entre otros.

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Restaurant of the Hotel Del Prado, which was located across the street. When the hotel was rendered uninhabitable in the 1985 Mexico City earthquake and condemned for demolition, the mural was restored and moved to its own museum.[1]
The central focus of the mural is on a display of bourgeois complacency and values shortly before the Mexican Revolution of 1910. Elegantly dressed upper-class figures promenade under the figure of the long ruling dictator Porfirio Díaz. An indigenous family is forced back by police batons and to the right flames and violence loom. To the far left, victims of the Inquisition, wearing the penitential sanbenito robes and the conical coroza hat, are consigned to the flames at an auto-da-fé. The center of the mural is dominated by the elegantly dressed skeleton La Calavera Catrina holding arms with the Mexican graphic artist who first conceived and drew her, José Guadalupe Posada in a black suit and cane. La Catrina wears a Feathered Serpent boa around her shoulders. On La Catrina’s right she is holding hands with a child version of Diego Rivera in short pants. Rivera’s wife Frida Kahlo is standing just behind and between him and La Catrina; Kahlo has her hand on Rivera’s shoulder and she is holding a yin-yang device. La Malinche and Posada are staring directly into each other’s eyes.[2]

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La figura central es La Catrina, con una estola de plumas que evoca a Quetzalcóatl, del brazo de José Guadalupe Posada y de la mano de Diego Rivera. Detrás de Diego, Frida Kahlo sostiene en su mano el símbolo del yin y yang mientras abraza maternalmente a Diego. A su derecha se ve el saludo entre Manuel Gutiérrez Nájera y José Martí, escritores de la época. Entre ellos, las figuras femeninas más notorias, que son la hija y esposa de Porfirio Díaz.
El sector izquierdo se ilustran la conquista, la época colonial, la independencia, la invasión norteamericana y la intervención europea, eventos en los que la Alameda Central tuvo una participación importante como escenario. Aparecen Hernán Cortés, fray Juan de Zumárraga, Sor Juana Inés de la Cruz, el Virrey Luis de Velasco y Castilla, el emperador Maximiliano con su esposa Carlota y Benito Juárez, entre otros.

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La polémica surge cuando Rivera incluye a Ignacio Ramírez, el ‘Nigromante’, figura humanista y laica pintado en el mural con un cartel donde aparece escrito “Dios no existe”. En junio de 1948 el hotel abría sus puertas y el director del hotel rogó al arzobispo de México, Luis María Martínez, que acudiera a bendecir el edificio. La frase atea desató la ira del religioso quién se negó en rotundo a derramar “agua santa” en un lugar que preconiza la inexistencia de Dios.
Un grupo de estudiantes católicos y ultraderechistas irrumpieron en el hotel ya inaugurado y borraron a martillazos la frase “Dios no existe”. Para contrarrestarlo, un grupo de intelectuales , entre los que destacaba el también muralista David Alfaro Siqueiros que defendían la libertad artística y librepensadora también entraron al hotel y restauraron la polémica frase.
En 1956, ya un enfermo Diego Rivera trató de zanjar la desmesurada repercusión cambiando el texto por “Conferencia en la Academia de Letrán-1836”, aludiendo al lugar donde el Nigromante hizo su alusión al “Dios no existe”.

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